Además de las esculturas personalizadas, hago esculturas inspiradas en los perritos que veo en la vida, los que se me aparecen en sueños, los que alimentan mi imaginario. Son los que invento para que me acompañen, y para que te acompañen también a vos.
Estas esculturas no tienen tantos detalles como los personalizados porque son parte de un rompecabezas perruno que tengo en mi mente y en el corazón. Los llamé Pichus, y ellos nacen desde el amor puro perruno, en total libertad de forma y color, por eso es que cada uno es único.
Fueron las primeras esculturas en aparecer en este proyecto, y me divierte muchísimo hacerlas porque aparecen sin expectativa. Cuando modelo un Pichu, dejo que la arcilla fluya; se va armando casi solo: decide su pose, el estilo de sus orejas, y cuán larga es su cola. Y por supuesto, también decide sus colores.
Cuando alguien ve a su mascota identificada en una de mis esculturas, pienso que tal vez nos cruzamos en algún sueño o recuerdo. En mi mente conviven y se entrecruzan todos los perritos que alguna vez observé, por eso es que me da mucha alegría y ternura que identifiquen a su mascota en mis esculturas y me aviva las ganas de seguir creándolos.
Con el tiempo fue creciendo mi curiosidad de modelar perritos en cerámica, y en viajes empezó la curiosidad por otro tipo de pastas. El último tiempo estuve experimentando con esculturas de gres, pasta de alta temperatura, a la cual le agregué componentes para teñirla y llegué a un resultado de piezas bastante más grandes y resistentes.